Mis frases favoritas

Han pasado más de treinta años desde que mi guía espiritual insistía en que antes de ilustrarme con libros escritos por otras personas, mirase en mi interior para descubrirme, para hacer aflorar todo el potencial que guardaba dentro. Por aquellas cosas del día a día, del trabajar para subsistir, por acomodarme y no arriesgar, lo olvidé. La buena noticia es que nunca es tarde para recuperarte.

Esa recuperación pasa por dedicarte un tiempo a ti mismo, cinco, diez minutos diarios para hablarte, meditando, reflexionando, analizando dónde estás y hasta dónde quieres llegar, cuándo, con quien. Esto facilitará dar prioridad a tus ideas y analizar ideas ajenas sin menospreciarte a ti mismo.

“Las cosas pasan por algo”
No estoy seguro si quiere decir que estamos predestinados, que nuestro destino está escrito o si estas cosas que pasan son necesarias para el aprendizaje correspondiente a ésta reencarnación. Si es así que hubiesen avisado porque quizá habría utilizado mi tiempo y dinero de otra manera.
Soy más de la opinión de que efectivamente pasan por algo, son sin duda la consecuencia de mis actos. Actos que realizo en una comunidad donde cada uno de sus componentes realiza sus propios actos que afectan a las personas que les rodean.

Se suele decir que estas cosas que te pasan a las bravas, sin previo aviso, son aprendizajes necesarios en tu vida que te van a ayudar a crecer. Nunca me ha gustado aprender a “golpes”, dame la opción de crecer a mi manera. Si la cosa se pone difícil te dirán que lo mejor está por llegar, que no hay mal que cien años dure.

La única verdad es que no podemos retroceder en el tiempo y es posible que nos reconforte ese tipo de pensamientos, excusas para aquello que no podemos cambiar.

Y dentro de este tipo de conversaciones siempre aparece la pregunta: ¿Qué cosas de tu pasado cambiarías? Si tienes tiempo te hago una lista. Sin embargo la respuesta generalizada es “nada” acompañada de una profunda reflexión: “Las cosas pasan por algo”

Persigue tus sueños.
Frase peligrosa donde las haya que como eslogan es ideal. Mi sueño me saca ventaja, corro, corro y no paro de correr, pero quizá no consiga alcanzarlo porque las cosas siempre pasan por algo. Aun así no cejaré en el empeño. Hasta ahora perseguir mi sueño ha facilitado que el sueño de otras personas crezca y crezca a base de inversiones y tiempo. Y esto hace que me plantee si estoy viviendo el sueño de otros.

Me voy a declarar culpable de comprar humo. Necesidad, ingenuidad, buena fe, exceso de confianza, el cuento de la lechera quizá. Nada que reprochar porque afortunadamente somos dueños de nuestros actos.

En la misma burbuja conviven vendedores de humo con personas comprometidas socialmente, de esos que aportan de verdad y hacen coincidir sus palabras con sus actos, junto con compradores compulsivos de felicidad, incautos, deseosos de alcanzar sus sueños. Crecimiento personal, escrúpulos y negocio no suelen ser fieles compañeros de viaje.

De todo esto extraemos la parte positiva. Llámalo sueño u objetivo. Soy de los que apuestan por luchar para conseguir lo que quieren en sus vidas, y para eso es esencial tener la cabeza fría. No puedes eliminar las circunstancias que te rodean pero sí trabajar para compatibilizar esas metas con tu realidad. Tú y solo tú tienes el derecho y la oportunidad de hacerlo y sólo necesitas de aquello que te aporte algo para alcanzar la meta final. Aléjate del humo y que la ilusión, gasolina de tu motor, no te ciegue en la búsqueda.

¿Dónde pones el foco cuando comunicas?

El miedo escénico, el miedo al ridículo o a quedarse en blanco es el principal problema de las personas que tiene que subirse a un escenario. Sin embargo no es un problema de difícil solución, solo tienes que cambiar el foco. Cuando subes al escenario debes tener en cuenta unos principios básicos que te ayudarán a perder ese miedo y transformarlo en responsabilidad, una exigente pero amable compañera de viaje.

Eres un experto en la materia y sabes de lo que hablas. No puedes plantear una conferencia sin ser dominador de la materia. Preparación y profesionalidad. Pensar que alguien de la audiencia sabe más que tú del tema que vas a tratar es común y en muchas ocasiones así ocurre. Es seguro que si llega el caso esa persona estará encantada de ayudarte, no está allí para hundirte la ponencia. Hazle tu aliado.

Prepararse la conferencia solo tiene un secreto, la técnica de RPT, repetir, repetir y volver a repetir hasta que tengas tan interiorizado el mensaje que resulte indiferente las palabras que utilices. Si como dominador del tema te has preparado la ponencia a conciencia evitarás esas molestas muletillas y ese bajar la cabeza cuando hablas, dando tiempo a que tu cerebro encuentre las palabras apropiadas para continuar la disertación.

Recuerda que las personas que asisten a una conferencia buscan conocimiento, aprendizaje, ilusión. Es igual que te llames Luis, Juan Carlos o Susana, la audiencia no viene a verte a ti. El 90% de las personas que asisten a una conferencia no recordarán el nombre del ponente a la finalización de la misma y si van a verte por tu nombre, caso de conferenciantes de renombre, más te vale aportar ese valor añadido que han venido a buscar.

Los 90 primeros segundos de la conferencia marcarán el éxito de la misma, no los desperdicies en presentaciones, habrá tiempo más adelante. Sal con decisión, déjate ver, adquiere una postura estable y no deambules por el escenario de un sitio a otro o la audiencia creerá que está en un partido de tenis. Déjate ve y durante unos segundos dedica una sonrisa al auditorio, mírales a los ojos porque para ellos es gratificante saber que les has visto.

A estas alturas ya has entendido que lo importante está allí enfrente, son esas personas que han invertido su tiempo y posiblemente su dinero en escuchar lo que tienes que decir. Ya sabes que el foco está sobre sus cabezas. Has hecho lo necesario para encarar tu conferencia con garantías y en condiciones de transmitir desde el único lugar que tiene garantizado el éxito. El corazón.

Y a tu edad, ¿cómo te ganas la vida?

Leo una y otra vez artículos sobre personas desempleadas mayores de 50 años, y de las dificultades que encuentran a la hora de reincorporarse al mercado laboral. La mayoría de los artículos coinciden en unas recomendaciones que he intentado seguir al pie de la letra:

Tener un CV atractivo y siempre actualizado. Realmente no tengo un CV, tengo varios adaptados a los puestos de trabajo en los que, con seguridad, podría ofrecer un alto rendimiento. Desempleado pero honesto
Formación continua. Estoy convencido que seré nominado para estar en el top ten de los parados que más han invertido en formación. En estos dos últimos años he terminado el grado en Psicología, me he formado como coach personal, ejecutivo y de equipos de trabajo (para éste último hice un curso de especialización). Realicé el curso de Comunicador de élite y ahora lo estoy reforzando con otra especialización. Formador de Formadores con calificación de sobresaliente y sello de profesional de confianza. Introducción a PNL. En noviembre empiezo el Practitioner y en Enero un curso de emogestión (Neurociencia e inteligencia emocional).
Redes Sociales. Lo que viene siendo hacerte visible. Dos páginas web, blog, perfil de Linkedin (con asesoramiento de un profesional), Facebook, Twiter e Instagram.
Alta en portales de empleo. No sé si me queda alguno. Esto que parece simple puede llegar a desesperarte. Completar el CV en cada uno de ellos y tenerlo actualizado es una ardua tarea que consume bastante tiempo. Y si además tienes que aplicar a un puesto y te redirigen a la Web de la empresa, en muchas ocasiones tienes que volver a completar el CV desde cero. Pues lo hago. Hasta la fecha he aplicado a 1249 ofertas de trabajo y como resultado he obtenido 0 entrevistas.
No sólo aptitud, se requiere actitud. Convencido de que no es suficiente con el apartado anterior hay que salir a la calle, llamar a puertas, llamar por teléfono, escribir correos personalizados. He interiorizado el “ya te llamaremos” de personas que hacen de cortafuegos y tiran a la papelera cualquier propuesta, documento o CV una vez que te dicen adiós amablemente.
Voluntariado. Voluntario en Mensajeros de la Paz ofreciendo sesiones gratuitas de coaching a mujeres en riesgo de exclusión social. Voluntario en Fundación Promete Madrid 2017 durante las dos semanas que duró el Campus, ejerciendo de coach en el área asignada.
Tirar de contactos. No dan abasto.

Y ante este panorama toca emprender a los cincuenta, lo que llaman reinventarse, pero llámalo como quieras. Ser autónomo, buscarte la vida, seguir llamando a puertas. Apuntar que por formación y convicción me considero dentro de ese grupo de personas comprometidas que se dicen “agentes del cambio”. Coaches, formadores, comunicadores…, ejercen su trabajo siempre con la premisa de aportar un valor añadido a lo que hace, es un ganar – ganar.

Pero en esto del crecimiento personal hay personas sembrando desde hace muchos años. Merecido que ahora recojan sus frutos; los que venimos detrás nos toca remar. El primer consejo cuando te formas es encontrar tu nicho de mercado y ofrecer algo nuevo, innovar. Vaya, fácil no es que te lo pongan, y sin embargo persistimos con ilusión.

Y tenemos que entrar en la parte emocional de todo el asunto. Resuenan en tus oídos frases como “persigue tu sueño, nunca te des por vencido, insiste, no cejes en el empeño, tú lo vales”. Pienso en esas personas sin ingresos regulares, con dificultades para satisfacer las necesidades básicas. Personas que han pasado por todas estas fases y no han tenido la suerte o el acierto de encauzar su camino. Me pregunto cuál será su nivel de resiliencia en estos momentos.

Reflexionando sobre el poder que determinadas personas tienen de cambiar vidas, para bien o para mal (y sé de lo que hablo), sobre desde dónde se da un consejo, cuándo, a quién y sobre lo que en muchos casos hay detrás de esas recomendaciones, me gustaría haceros pensar en alto y recoger todas esas ideas para, entre todos, ayudar a aquellos que todavía seguimos perdidos entre lo que realmente queremos hacer y lo que tenemos la necesidad de hacer.

Paseaba por la Gran Vía de Madrid y sorprendido me topé con un grupo de músicos de cámara. Estaban interpretando el Canon de Pachelbel. Simplemente impresionante. Unos metros más adelante un mago acumulaba gente a su alrededor, un pintor, un flautista, malabaristas, mimos… todo talento. No me atrevo a hacer una reflexión sobre todo esto; simplemente me hubiese gustado saber tocar un instrumento musical”.

 

Campus Promete. La magia del Compromiso

La educación del Ser es un paradigma educativo inspirado en la naturaleza humana, en la forma en la que el ser humano aprende y se mejora a sí mismo. Pone en el centro y en el inicio del proceso de aprendizaje a la persona, desde su experiencia subjetiva y en relación dinámica con su entorno, priorizando la búsqueda de su equilibrio emocional y social a la adquisición de conocimientos y competencias”.   www.promete.org

Mil gracias a la Fundación por darme la oportunidad de vivir esta experiencia.

He dejado pasar unos días para poder asimilar todo lo vivido y asentar los muchos conocimientos adquiridos durante estas dos semanas de voluntariado en el Campus de la Fundación Promete en Madrid.

Recuerdo como el fin de semana previo al inicio del Campus, se nos invitó a presentarnos y contar las razones por la que nos encontrábamos allí. Particularmente, apostaba por la acción. Son muchas las voces que se levantan pidiendo un cambio en el paradigma educativo pero no son tantas las que se ponen en movimiento, las que llevan años apostando por la idea de que una forma diferente de educar es posible. Aportar mi granito de arena y vivir la experiencia en primera persona era mi objetivo.

Estaría como coach en el área de audiovisuales y desde el primer día me sentí muy cómodo. Partía con la ventaja de ser un niño grande y no me fui difícil conectar con los alumnos rápidamente. Para ellos era Juanky, con K, al parecer Juan Carlos o Juancar era un nombre que poco aportaba en un área tan creativa como audiovisuales.

Allí estaba para lo que necesitasen, para acompañarlos, para colaborar en sus proyectos y para hablar de sus cosas y sus inquietudes siempre que quisieran. Increíble la capacidad de cada uno de ellos para cada mañana, al llegar, compartir las primeras horas con dinámicas de coaching, con feedbacks constructivos sobre las presentaciones que algunos de los compañeros ya habían hecho, para hacer una pequeña meditación que les prepararía para afrontar un frenético día alrededor de su proyecto personal.

Raquel como coach del área, María, Franccesca y Andrea como tutoras. Monitores que acompañaban a los alumnos en las horas que no estaban en clase, los incansables responsables del show, la organización. Un engranaje perfecto. Tan difícil de planificar como de llevarlo a cabo con esa sincronización.

Y sin darnos cuenta el Campus se acababa, ya habían pasado dos semanas. Había disfrutado de cada uno de los alumnos, de sus proyectos, de sus enseñanzas. Cada uno diferente, único. Muchos mostraban cambios significativos y confesaban que, más allá de su proyecto personal, algo diferente había crecido dentro de ellos. Ese último día, después de la dinámica de despedida, me quedé en el aula hasta al final, hasta que no quedó nadie. Solo Ricardo y Marta, director y codirectora de área que recogían cámaras, grabadoras de sonido, portátiles… Para ellos mi absoluta admiración. Honestidad, dedicación, dulzura, simpatía, profesionalidad, cariño. Ni una voz más alta que otra, ni una queja, siempre una sonrisa, siempre dispuestos. Mi suerte saber que están ahí y mi responsabilidad estar a su altura.

Con una sensación en el estómago de esas que no sabes si tienes que reír o llorar, bajé por las escaleras y atravesé el patio del colegio. Por el camino padres de alumnos me saludaban, muchos visiblemente emocionados agradecían lo que había supuesto para ellos y sus hijos esas semanas en el Campus. Con eso me quedo, con su satisfacción y la convicción de que el año que viene repetirán experiencia. A esas alturas ya no podía disimular mi emoción y los ojos se me llenaron de lágrimas.

Camino hacia mi casa conduciendo y bastante emocionado, reflexionaba sobre todo lo que había vivido. Daba vueltas alrededor del concepto de “normalidad”, sobre lo que se considera normal, sobre eso que se acepta como estándar de comportamiento, como patrón y guía y nos hace rechazar todo aquello que se aleja de lo establecido. Sin duda, había que darle una vuelta. Es muy posible que permanecer en la costumbre, seguir la línea y aceptar esos parámetros establecidos, nos aleje de la oportunidad de construir modelos diferentes de educación, comunicación, colaboración y trabajo. En definitiva de un nuevo modelo social.

 

Procesos de selección y otras gaitas

A lo largo de mi vida profesional he tenido la suerte de rodearme de mentes privilegiadas, auténticos aventajados. Esto que puede ser común para muchos, pasa a ser excepcional cuando acompañan sus dotes profesionales con una calidad humana extraordinaria.

Curiosamente todos y cada uno de ellos están actualmente desempleados. Algunos dejaron sus empleos hace tiempo siguiendo aquello que los hacía felices. En otros casos, las empresas a las que pertenecían decidieron por ellos. Tras varios años de crisis para ellos y para otros muchos, satisfacer las necesidades básicas se ha convertido en un reto diario. Su empleo es reinventarse cada día, lo que les otorga un plus de valor añadido.

Hablamos de personas de más de 45 años, aquellas personas que están casi descatalogadas por edad. El valor de lo que pueden aportar a las empresas incomprensiblemente queda en último plano porque “tienen el diente retorcido”, con su teórico sueldo se puede contratar a dos o tres personas, saben mucho y pueden desestabilizar los departamentos.

Y entramos en el mundo del Curriculum Vitae: la primera criba en un proceso de selección. Cansado de escuchar tendencias que de momento solo son eso, tendencias, artículos donde se aconseja no poner la edad o no poner foto, entrevistas a empresarios donde aseguran que, para sus empresas, los resultados académicos o la experiencia no son tan importantes y lo que le mueve a contratar es, tras una entrevista personal, la motivación, la intención, las ganas. ¿Dónde están esos empresarios?  “Resultado de la contienda: 1.234 currículums enviados a lo largo de dos años y medio y ni una sola entrevista”.

El mundo de los becarios merecería un artículo aparte. Los becarios ya no preparan café o hacen fotocopias. Realizan el mismo trabajo, tras un corto proceso de adaptación, que el resto de los componentes de cualquier departamento. Son baratos, en un alto porcentaje de coste cero. Nos aprovechamos de su ilusión, de su miedo al futuro, porque cada uno de ellos alberga la esperanza de que al terminar su paso por la empresa, alguien se haya fijado en él y le ofrezca un contrato.

Complicado hacer un resumen  y comprobar que la tendencia real de las contrataciones y los procesos de selección es la misma que hace décadas. Que después de becarios y “descatalogados” nos quedan aquellas personas que, de momento, conservan su puesto de trabajo. Sumisos o valientes, pero con un ojo puesto en lo que pasaría si se quedasen sin ese “tesoro”.  Ahora cuando preguntas a personas que no ves hace tiempo que tal está su respuesta es típica: “Con trabajo, que no es poco”.

Es la era de los emprendedores, de los autónomos, que de una manera u otra luchan día a día molidos a impuestos, sin ventajas sociales y sin apoyos para llegar a fin de mes. Para muchos una condena, para otros la oportunidad de realizarse, de reivindicarse. Deseo real o resignación, es la única vía posible para los que cada día somos más.

Confíate

Empezar algo y perder la ilusión. Estar convencido de lo que quieres hacer y abandonarlo cuando solo has iniciado el camino. Muchos hemos pasado por ello. ¿Qué nos faltaba?

 

Convicción. Nuestro peor enemigo somos nosotros mismos. Cualquier proyecto tiene que ser estudiado, pensado, repensado. Necesitamos estar seguros de que será un éxito, no nos gusta el riesgo, la incertidumbre. No nos damos la licencia de fracasar. Nos saboteamos.

La convicción se consigue desde la confianza en que lo que tienes es bueno, lo mejor. Sabes que la persona que disfrute de tus productos, que asista a tus ponencias, que invierta en tus formaciones, será afortunado porque el valor de lo que se llevará superará sus expectativas. Tu proyecto no es sólo una transacción económica. Tu proyecto eres tu y lo que representas. Esa es la clave, la actitud. Ilusionarte y generar ilusión.

El papel lo aguanta todo, es cierto. Por eso lo que ofreces es tu compromiso, tu compromiso contigo mismo y con las personas que van a confiar en ti. Si ofreces un producto excepcional, un valor añadido, que el producto sea excepcional y aporte valor. De otra manera estarás abocado al fracaso.

Tienes vértigo, dudas, no sabes si serás capaz, si estarás a la altura. Pero ya no es una barrera, es un aliciente. Has adquirido un compromiso, estás ilusionado, tienes una responsabilidad. Lo tienes todo para triunfar y piensas que nunca más serás aquella persona que fabrica proyectos y los guarda en un cajón.

Historias Inversas

Hace tiempo que perdí la pista de Joaquín. La última vez que le vi tenía buen aspecto, con una gorra militar del ejército de tierra, que me confesó había encontrado en un contenedor,  camisa por fuera del pantalón y sandalias de pescador. Una barba poblada ocultaba las heridas que el paso del tiempo le había producido. Miraba como los valientes, a los ojos. Era una mirada inquietante que te hacía pensar.

Joaquín no tenía residencia fija y variaba entre el portal 35 y el cajero del banco. Dormía con un ojo abierto por si la policía venía a “ejecutar el desahucio” y tenía que salir por pies en busca de una nueva residencia.

Recuerda cuando, tres años atrás, era un especialista en comunicación en una importante empresa informática. Vivía con su novia en un pequeño pero acogedor apartamento y aunque el trabajo les impedía disfrutar de muchas cosas juntos, se decía feliz de la vida que llevaba. Pero Joaquín, cada noche después del trabajo y antes de llegar a casa, visitaba a María, una sin techo que “vivía” en la calle desde hace más de 15 años. La Imagen de esa anciana pasando frío una noche de invierno parapetada en la acera entre cartones, había cambiado su vida. Y cada noche la visitaba cinco minutos, lo suficiente para llevarla un café, una barra de pan y una prenda de abrigo si hacía frío. Y volvía a casa satisfecho, con una sonrisa.

La idea no agradaba a la pareja de Joaquín. Consideraba que era una pérdida de tiempo y que andar en invierno a esas horas era peligroso. Fue una premonición. Aquella noche Joaquín no llegó a casa a su hora habitual y una llamada telefónica alertó a su novia de que algo había pasado.  

Habían pasado 6 meses hasta que despertó del coma. En la habitación no había nadie. Ni familiares, ni siquiera su pareja. Sin bazo, con las secuelas de dos costillas rotas y una mano prácticamente inservible doblada hacia dentro, no recordaba nada de lo que le había pasado, sólo venía a su mente la imagen de María, pasando frío y esperando el café.

Joaquín no espera que nadie le lleve un café. No espera visitas. No tiene nada ni a nadie y no se arrepiente en absoluto de cómo llevó su vida. El sabe que desde que conoció a María encontró lo único que necesitaba. Se encontró a sí mismo.

Espero verte pronto Joaquín.

Vaciando la Mochila

El primer pilar de la filosofía Ikigai habla de las cosas que amas. Pero antes de iniciar el camino es necesario un paso previo. La primera acción es aprender a amarte a ti mismo, a lo que eres, donde eres y con quién eres.

Son curiosas las reacciones de las personas cuando se utiliza el verbo AMAR. Enrojecen, evitan, se mofan, reniegan. Curioso cuanto menos. Amamos a nuestra pareja, nuestros hijos, a nuestra profesión, al dinero. Sin duda el aceite del motor de nuestras vidas. Pero nos seguimos olvidando, ¿Cuánto te amas a ti mismo? Acostumbrados a vivir la vida de los demás nos olvidamos de la nuestra.

¿Quién eres? ¿En qué momento de tu vida estás? ¿Qué te falta por hacer que todavía no has hecho? ¿Qué eres?, y por supuesto, ¿Qué no eres?

Y ¿Con quién eres?…  En este punto permitirme hacer un inciso. Por suerte, en la civilización occidental donde vivimos, todavía podemos elegir con quién relacionarnos. Pensamos que la amistad tiene unas reglas no escritas de obligado cumplimiento. Esta es la prueba de qué seguimos empeñados en vivir la vida de los demás. Esperamos que “nuestra gente” actúe de determinada manera porque no somos capaces de ampliar nuestro campo de visión y mirar con sus gafas de ver la vida. ¿Tolerancia y comprensión?

Y compromiso… Compromiso contigo mismo de estar con quien quieres estar sin juzgar. Esto de las relaciones tóxicas que está muy de moda no existiría si te dieras la oportunidad de elegir. Y esa conclusión me permitió recuperar la fe en las personas. A los que desaparecieron de mi vida cuando se complicó, a esas personas anónimas que llegaron sin otro ánimo que el de ayudar, a los que decían querer estar y nunca estuvieron, a los que siempre han estado y a los que me faltan porque desde donde están me miran y sonríen. Gracias

Adquirir conciencia sobre sí mismo es la primera labor que un profesional del coaching debe acometer y es lo que consiguen nuestros clientes a lo largo del proceso.  Y el ¿Dónde eres? Siempre eres aquí y ahora. Lo que fuiste ya no importa y lo que serás lo estás construyendo.

¿Engagement?

Lanzamientos de cuchillos (Parte II)

Cada 28 de Abril se celebra el Día mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo con el fin de promover la prevención de los accidentes laborales y las enfermedades profesionales en todo el mundo. En el año 2016, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) inició una campaña de sensibilización con el lema “Estrés en el trabajo: un desafío colectivo”. En su informe, indica que debido a los importantes cambios que se están produciendo asociados a la crisis económica mundial, los trabajadores se encuentran expuestos a nuevas situaciones que pueden tener graves consecuencias negativas para su salud mental y su bienestar psicológico.

Los riesgos psicosociales, como el aumento de la competencia, las altas expectativas en el rendimiento y los horarios laborales extensos contribuyen a que el ambiente en el trabajo sea cada vez más estresante y dificultan la conciliación entre la vida familiar y laboral.

Entre los riesgos psicosociales que pueden afectar al estrés laboral relacionados con el contexto del puesto de trabajo encontramos: pobre comunicación, bajos niveles de apoyo en la solución de problemas y desarrollo personal, indefinición de objetivos organizacionales, ambigüedad o conflicto de roles, estancación e incertidumbre laboral, sobrepromoción o baja-promoción, salario bajo, escasa participación en la toma de decisiones, pérdida del control sobre el trabajo, etc.

De la misma manera, los estudios han puesto en evidencia que los niveles elevados de estrés laboral pueden contribuir a la aparición de problemas de salud mental (cansancio, burnout, ansiedad y depresión) y física (trastornos cardiovasculares y musculoesqueléticos ) y las investigaciones recientes han puesto el énfasis en el impacto del estrés laboral sobre los hábitos de conducta, de tal manera que se ha mostrado su asociación con el consumo de alcohol, drogas y tabaco, la dieta poco saludable, la falta de sueño, el aumento de los accidentes laborales y las enfermedades crónicas.

La creencia generalizada es que el estrés es consecuencia de circunstancias externas a nosotros, cuando en realidad es la consecuencia de la interacción entre los eventos del entorno y nuestras respuestas cognitivas, emocionales y físicas. Cuando la respuesta de estrés se prolonga o intensifica en el tiempo, nuestra salud, nuestro desempeño académico o profesional, e incluso nuestras relaciones personales o de pareja se pueden ver afectadas.

Hablamos de la enfermedad del Siglo XXI. ¿Puede el coaching contribuir a paliar este déficit emocional? No me cabe duda.

La combinación de políticas elaboradas de engagement con procesos de coaching ejecutivo, de equipos y personal, compatibiliza los deseos de los empleados con las exigencias productivas de cualquier empresa. En un proceso de coaching, por definición, se parte una situación inicial y se traza un plan de acción para llegar a una situación ideal. En el trayecto entre esos dos puntos se encuentra el éxito de cualquier proyecto de éste tipo. Los cambios en la actitud, la manera de enfocar los problemas, el conocimiento de la situación personal, en definitiva, una apertura de conciencia que les permitirá examinar la situación con la visión de perspectivas múltiples.

¿Engagement?

Lanzamiento de cuchillos (Parte I)

Engagement (compromiso), es el esfuerzo voluntario por parte de los trabajadores de una empresa o miembros de una organización. Cualquier miembro de la empresa, comprometido, implicado y entusiasmado con su trabajo, actúa de una forma que va más allá de las demandas que le hace su propia organización.

Raquel trabajaba en un departamento donde el silbido de los cuchillos resonaba en sus oídos cuando cruzaba el pasillo. Los compañeros marcaban sus límites y ni se salían ni dejaban entrar a nadie. Nada de comunicación. La sombra de la subcontratación les acechaba. Sus responsables se conformaban con que el trabajo saliese. Ellos necesitaban justificarse ante sus superiores.  Intentaba quitarse de la cabeza los problemas laborales cuando llegaba a casa pero era imposible

Las empresas tienen la obligación de producir. Producir es un arte en el que están implicados todos los eslabones de la cadena. Pero si el último eslabón se rompe, el trabajo realizado no sirve de nada. Y nos olvidamos de que son ellos, los empleados, son los responsables últimos de llevar a buen puerto el producto. Son el activo más importante de la empresa. Sí, es cierto, son sustituibles por otros, ¿hay alguien insustituible para las empresas actuales? ¿Alguien ha calculado el coste real de estas continuas sustituciones?

Un sistema de comunicación apropiado, donde se informa sólo de lo que se debe informar. Un sistema de incentivos por productividad. Evaluación por objetivos. Por cierto, ¿Quién hace esa evaluación? Todos saben lo difícil que es repartir la “bolsa” y todos desconfían de los criterios, que aunque establecidos de antemano, pocas veces se cumplen. Un paquete de beneficios sociales, coche de empresa…

Sin embargo los empleados quieren ser tomados en cuenta. Los mandos intermedios quieren ser tomados en cuenta, los directivos quieren ser tomados en cuenta, los accionistas quieren beneficios. Las empresas que siguen descuidando las emociones de sus trabajadores están condenadas a un trasformación forzosa para seguir siendo productivos. Algo está cambiando y existe una conciencia colectiva que pide a gritos esa transformación.

La palabra es “postureo”. Políticas de engagement vacías, sin alma, como justificación a esa demanda colectiva. Es la hora de tomárselo en serio, de actuar en consecuencia, de apostar a ganador y aceptar que la productividad es compatible con la felicidad laboral.