Procesos de selección y otras gaitas

A lo largo de mi vida profesional he tenido la suerte de rodearme de mentes privilegiadas, auténticos aventajados. Esto que puede ser común para muchos, pasa a ser excepcional cuando acompañan sus dotes profesionales con una calidad humana extraordinaria.

Curiosamente todos y cada uno de ellos están actualmente desempleados. Algunos dejaron sus empleos hace tiempo siguiendo aquello que los hacía felices. En otros casos, las empresas a las que pertenecían decidieron por ellos. Tras varios años de crisis para ellos y para otros muchos, satisfacer las necesidades básicas se ha convertido en un reto diario. Su empleo es reinventarse cada día, lo que les otorga un plus de valor añadido.

Hablamos de personas de más de 45 años, aquellas personas que están casi descatalogadas por edad. El valor de lo que pueden aportar a las empresas incomprensiblemente queda en último plano porque “tienen el diente retorcido”, con su teórico sueldo se puede contratar a dos o tres personas, saben mucho y pueden desestabilizar los departamentos.

Y entramos en el mundo del Curriculum Vitae: la primera criba en un proceso de selección. Cansado de escuchar tendencias que de momento solo son eso, tendencias, artículos donde se aconseja no poner la edad o no poner foto, entrevistas a empresarios donde aseguran que, para sus empresas, los resultados académicos o la experiencia no son tan importantes y lo que le mueve a contratar es, tras una entrevista personal, la motivación, la intención, las ganas. ¿Dónde están esos empresarios?  “Resultado de la contienda: 1.234 currículums enviados a lo largo de dos años y medio y ni una sola entrevista”.

El mundo de los becarios merecería un artículo aparte. Los becarios ya no preparan café o hacen fotocopias. Realizan el mismo trabajo, tras un corto proceso de adaptación, que el resto de los componentes de cualquier departamento. Son baratos, en un alto porcentaje de coste cero. Nos aprovechamos de su ilusión, de su miedo al futuro, porque cada uno de ellos alberga la esperanza de que al terminar su paso por la empresa, alguien se haya fijado en él y le ofrezca un contrato.

Complicado hacer un resumen  y comprobar que la tendencia real de las contrataciones y los procesos de selección es la misma que hace décadas. Que después de becarios y “descatalogados” nos quedan aquellas personas que, de momento, conservan su puesto de trabajo. Sumisos o valientes, pero con un ojo puesto en lo que pasaría si se quedasen sin ese “tesoro”.  Ahora cuando preguntas a personas que no ves hace tiempo que tal está su respuesta es típica: “Con trabajo, que no es poco”.

Es la era de los emprendedores, de los autónomos, que de una manera u otra luchan día a día molidos a impuestos, sin ventajas sociales y sin apoyos para llegar a fin de mes. Para muchos una condena, para otros la oportunidad de realizarse, de reivindicarse. Deseo real o resignación, es la única vía posible para los que cada día somos más.

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