La noria del hámster

“Quiero despertar y no sentir ese peso que condiciona mi día a día. No puede ser tan difícil vivir”.

Cuando escuchamos a un joven de 17 años decir estas palabras entendemos que algo está fallando. En su clase de segundo de bachiller todo el mundo sabe quién triunfará en la vida y quién no. Triunfar en la vida…, triunfar en la vida desde el punto de vista de quién. ¿Quién ha establecido las normas de lo que es triunfar y lo que no lo es?, ¿Quién define las reglas de lo normal y lo anormal? El peligro reside en apartar lo que la convención social considera fuera de las pautas de la normalidad.

Cuando el profesor recita las notas de la segunda evaluación en alto, empieza ese carrusel de risas, codazos y comentarios que, aunque sin aparente maldad, va minando la autoestima y tirando por tierra las pocas ganas de seguir adelante que a esas alturas sostienen a Juanjo.

Un 4,3 en el examen después del esfuerzo realizado… Solo piensa en sus padres, en que los está defraudando. Sabe que le caerá una bronca, pero en su cabeza solo una imagen: la de sus padres enfadados y comentando en bajo ¿Qué vamos a hacer con este chico?

Un chaval de 17 años no puede plantearse si la vida merece la pena o no. Nacidos para competir, para ocupar el puesto de otro, para sentirse reconocido y “triunfar en la vida”.

Si aguantas, si resistes, es una etapa de tu vida que pasará”. Una afirmación indeseable, conformista y malvada. Hay cosas que no tienen que pasar, que nunca deben darse. Es semilla de infelicidad y una marca para toda la vida.

Juanjo no consiguió la nota suficiente para hacer lo que más deseaba en la vida, estudiar Biología. Sus padres no pudieron costear una universidad privada y optó por hacer un grado superior en Salud Medioambiental. Desde la distancia, Juanjo se da por satisfecho. Ha aprendido a conformarse. Trabaja en una empresa como técnico de medioambiente, tiene un sueldo que, aunque no es muy elevado, le permite mantener una casa y una familia.

Sus padres están orgullosos de la educación y dedicación de Juanjo. Lo definen como un luchador, una persona que ha sabido sobreponerse a las adversidades y ha sacado a su familia adelante. Sin embargo, si le preguntas si es feliz, no sabe contestar. Ya ha olvidado su sueño y se ha unido a ese colectivo que pasa por la vida sin haberla vivido. Ahora es padre y quiere lo mejor para sus hijos.

Su discurso es siempre el mismo. Mis hijos deben de sacrificarse y estudiar para que no les pase lo que a mí, y tienen que entender que las cosas no se regalan. Si tú no te esfuerzas lo suficiente vendrá otro que lo hará mejor y te quitará el puesto. Tienen que estar espabilados.

Pedro es el hijo mayor de Juanjo. Tiene 17 años y se siente solo. Lo pasa mal en el instituto, sobre todo cuando el profesor lee las notas en voz alta y hay una mofa generalizada. Se levanta por las mañanas y se pregunta por qué es todo tan difícil.

Pedro tiene un sueño, trabajar como músico. Sin embargo y si las notas globales se lo permiten, estudiará Biología. Sus padres se han sacrificado toda la vida para darle una educación y no piensa defraudarles. La música es un sueño que no le dará de comer y debe apostar por algo real, algo que al menos, le ofrezca una salida profesional digna.

“A veces me fijo en el hámster correr en la rueda de su jaula. Corre tan deprisa que la rueda parece no girar. Cuando el hámster para, cansado, se da cuenta que está en el mismo sitio que cuando empezó a correr. Se baja, come, bebe y se queda dormido”

Un día cualquiera

“Cuando es tiempo de mirar desde arriba. Cuando tus decisiones, tus pensamientos, tus opiniones no son ley. Cuando toleras. Cuando das importancia a lo que realmente la tiene. Cuando tu propósito vale más que una particular forma de ver las cosas. Cuando estás decidido…

Habrás limpiado el camino de piedras, de baches, de hoyos y de cualquier obstáculo que distraiga tu atención de lo que verdaderamente importa”.

Un día Cualquiera (Cara A)

Vaya por delante que soy emprendedor, de esos que tienen el culo inquieto. Sin embargo me he propuesto seguir las “recomendaciones” de los anuncios, post, frases, de las redes sociales para mejorar mi vida y alcanzar mi sueño.
Me he levantado a las 5:30 de la mañana. He hecho mi meditación diaria de 15 minutos donde he conectado con mi “Yo superior”. Llevamos tiempo discutiendo sobre el sentido del Universo y no conseguimos ponernos de acuerdo. Sin embargo, le estoy cogiendo aprecio al jodío.

Chándal y media horita de carrera por el parque de alrededor de mi casa. Siempre me encuentro con los mismos “tarados” que salen a correr como yo, sin intentar ganar un premio. Ahora la temperatura es aceptable, veremos a ver en pleno invierno cuando esté jarreando si seguimos manteniendo esa sonrisa desafiante en la boca.

Ducha y desayuno, vestido que es más higiénico. Té verde sin azúcar y una tostada de pan de cereales con aceite de oliva de primera prensada. Cuesta acostumbrarse, pero la vida sana tiene su peaje. Si te digo asco, miento, si te digo qué rico, vuelvo a mentir. Perdonar pero tengo que ir al excusado… Por fin., confieso que en ocasiones echo de menos ese veneno llamado azúcar blanco. Mi reino por un donuts.

Al ataque… Mi primer plan del día es acudir a un seminario sobre ventas. Quiero hacer un inciso a estas alturas del reportaje. Hace 3 días que he dejado de fumar y me he quedado sin uñas. Me lo como todo. Antes de que empiece el seminario el escozor en los dedos se hace insoportable. ¡Me cago en la leche! El ponente de hoy hizo un curso de emprendimiento conmigo. Voy a hacerle caso, si él ha llegado hasta aquí… A bote pronto, 30 personas por 10€… Pero la conclusión del seminario es clara y firme. Tengo que vender mi producto haga o no haga falta al que escucha. Madre mía, el ponente me ha pillado distraído y le he comprado un curso online de 300€. Si no aprendo a vender es para matarme.

Mientras el diablo de mi hombro izquierdo me dice que me eche un cigarrito, pienso en que algo estoy haciendo mal. Menudo muñón estoy hecho. Me veo reflejado en el escaparate de una conocida marca de ropa meneando la cabeza. Por cierto, el maniquí que lleva una gorra con la visera hacia atrás, con unos pantalones vaqueros rotos y unas zapatillas de lunares sin cordones, tiene una sonrisa de oreja a oreja. ¿Se estará riendo de mí?

Es la hora de comer y no llego a casa. Tengo que comer por el camino. Dudo si entre una ensalada de quinoa o un bocadillo de panceta con mahonesa. Es broma, ensalada de quinoa, por supuesto. Y de postre un té, esta vez rojo para que no se me haga monótono el tema.

Hoy voy a tope, además a sabiendas que la entrevista con el responsable de RRHH puede cambiar mi futuro. Nervioso, a esto nadie se acostumbra, pero seguro de mi mismo. La nueva estrategia es hacerte valer. No eres tú el que necesita a la empresa, es la empresa la que te necesita a ti. Ese planteamiento inicial en la entrevista dejó al entrevistador sin palabras… Hasta el punto que sin abrir la boca y con el dedo índice, me señaló la puerta de salida. Supongo que al ver mi cara entre asustado, cabreado, hambriento pero en forma, se decidió a decir cortésmente: “gracias, ya le llamaremos”.

Perdida la batalla pero con una guerra por ganar, bajo las escaleras de esa multinacional con unos espantosos rugidos en el estómago. Al llegar a la calle, el cansino del diablillo negro comiéndome la oreja otra vez, “fúmate ese cigarrito que lo estás deseando”. ¿Dónde puñetas se habrá metido el angelito blanco? Seguro que se ha quedado en el seminario de ventas… Falta le hace, no da ni una.

Abro Facebook a ver si me alegran el día. ¡Solo 15 me gusta y un par de me encanta a una frase que tardé dos horas en crear “Si lloras por no haber visto el Sol, tus lágrimas te impedirán ver las estrellas! No me lo puedo creer, Ainhoa ni me gusta ni me encanta. Pues si se cree que le voy a dar me gusta a su próxima publicación lo lleva claro.

Llego a casa, cansado de patear la ciudad, usando transporte público. ¡Cómo me aprieta el zapato! Se me ha pasado hasta el hambre. Hoy ceno un vasito de leche de soja, un par de esos deliciosos discos de arroz y un té negro. Estoy desconectado porque hace tiempo que no pongo la televisión. ¿Qué habrá pasado con Daneris? En fin, a la cama temprano que mañana hay que madrugar.

Tumbado en la cama me dispongo a hacer mi meditación nocturna. Esta mañana dejé a mi Yo superior con la palabra en la boca. Voy a reconciliarme con él.

Un día Cualquiera (Cara B)

Vaya por delante que soy emprendedor, de esos que tienen el culo inquieto. Sin embargo me he propuesto seguir las “recomendaciones” de los anuncios, post, frases, de las redes sociales para mejorar mi vida y alcanzar mi sueño.

Me he levantado a las 5:30 de la mañana. He hecho mi meditación diaria de 15 minutos donde he conectado con mi “Yo superior”. Es increíble la sensación de paz y bienestar cuando consigues abstraerte de lo que te rodea. Sé que conseguiré mi objetivo, sólo tengo que imaginar y poner toda mi intención y atención en lo que ya sé que es realidad. Podría estar tiempo meditando pero el día me espera.

Me coloco mi ropa de deporte y me dispongo a correr. Con media hora es suficiente. Además estoy creando hábito y eso es bueno. Espero encontrarme con mis “compis” corredores. Aprovechamos el buen tiempo pero no nos preocupa si llueve o truena. Esta carrerita mañanera hace que tengamos esa cara de felicidad que nos acompañará todo el día.

Una ducha y a desayunar. Voy a vestirme informal porque me toca caminar. Té verde sin azúcar y una tostada de pan de cereales con aceite de oliva de primera prensada. Sé que tiene efecto limpiador y me dará energía para empezar el día. No echo de menos el azúcar ni la bollería industrial. Está comprobado el daño que hace al organismo.

A por ello… Mi primer plan del día es acudir a un seminario sobre ventas. Quiero hacer un inciso a estas alturas del reportaje. Hace 3 días que he dejado de fumar y me siento liberado. He puesto todo mi empeño y no ha sido fácil. Tengo que confesar que me sigo mordiendo las uñas pero es un mal menor que poco a poco desaparecerá. ¡Qué sorpresa! El ponente de hoy hizo un curso de emprendimiento conmigo. Es una oportunidad para aprender de él. Al final cualquier seminario es un “ganar ganar” y el precio del mismo está bien pagado. Es un fenómeno, voy a comprarle una ampliación en forma de curso online. Vale 300€ pero es una inversión a corto plazo.

Paseando por el centro me paro en el escaparate de una marca conocida de ropa. De vez en cuando me dan ganas de fumar pero estoy fuerte en mi propósito. ¡Cómo cambian las modas! Hace unos años era impensable vestir con una gorra con la visera hacia atrás, con unos pantalones vaqueros rotos y unas zapatillas de lunares sin cordones. Con esa indumentaria está feliz hasta el maniquí.

Es la hora de comer y no llego a casa. Tengo que comer por el camino. Dudo si entre una ensalada de quinoa o sándwich vegetal con huevo. Me decanto por la ensalada y la voy a acompañar con un té rojo. Todavía queda mucho por hacer y no quiero sentirme pesado.

Hoy voy a tope, además a sabiendas que la entrevista con el responsable de RRHH puede cambiar mi futuro. Nervioso, a esto nadie se acostumbra, pero seguro de mi mismo. La nueva estrategia es hacerte valer. No eres tú el que necesita a la empresa, es la empresa la que te necesita a ti. Ha sido una conversación corta pero efectiva. He podido mostrarle mi proyecto a groso modo y espero le haya gustado. Hay que ver que escuetos son algunos entrevistadores. “gracias, ya le llamaremos”, han sido sus últimas palabras.

Otra batalla más, pero la guerra continúa. Ahora sin tensión y después de la entrevista se me agudizan las ganas de fumar. Pero soy inquebrantable y me mantengo firme. El estómago empieza a rugir, es hora de ir pensando en la cena.

Abro Facebook a ver qué hay de nuevo. ¡Vaya! 15 me gusta y un par de me encanta a una frase tan famosa  “Si lloras por no haber visto el Sol, tus lágrimas te impedirán ver las estrellas” Tengo que llamar a Ainhoa, hace mucho tiempo que no sé nada de ella. Ni siquiera se conecta a Facebook y espero que esté bien. Siempre me han gustado sus publicaciones.

Llego a casa, cansado de patear la ciudad usando transporte público. Es una locura hacerlo de otra manera. Espero nos concienciemos de una vez por todas de la necesidad de cuidar el medio ambiente.  ¡Cómo me aprieta el zapato! Se me ha pasado hasta el hambre. Hoy ceno un vasito de leche de soja y un par de esos deliciosos discos de arroz con un té negro.  Estoy desconectado porque hace tiempo que no pongo la televisión. Al final solo muestran problemas y te vas a dormir con mal cuerpo. En fin, a la cama temprano que mañana hay que madrugar.

Tumbado en la cama me dispongo a hacer mi meditación nocturna. Quiero recuperar la conexión con mi “Yo superior”. Me proporciona la paz que necesito y me ayuda a limpiar el camino de obstáculos.

Sin juicios…

Detrás de la Cortina

Hoy ha sido un día de esos que entran en la categoría de “día tonto”. Son esos días en los que por alguna razón, aunque realmente no sabes o no tienes motivos, las escaleras parecen más empinadas y el cuerpo y la mente van cada uno por su lado. Paseas por la calle y observas a la gente que pasa a tu lado y te sientes invisible y si miras al fondo, hacia el infinito, edificios y árboles parecen diferentes a como eran ayer. Piensas que has aterrizado en Matrix y por fin entiendes la frase “Mi Reino no es de este mundo”.

Mucho cuidado. Son esos días peligrosos, son días trampa, días en los que justificas tu estado de ánimo y te dejas llevar. Tu mente lo sabe todo sobre ti y sabe que tienes miedo, detecta tu inseguridad, tus dudas y en su afán por protegerte te lleva a terrenos que ya conoces, que ya has explorado y en los que buenos o malos, te sientes cómodo.

El eterno baile de un pasito para delante y dos pasitos para detrás. Sí, porque te descubres pensando en lo que vas a hacer cuando fracases en vez de estar visualizando lo que harás, donde estarás y con quién, cuando triunfes.

Hoy he hecho un recorrido por todos los post de este blog y me he dado cuenta que son reflejo de estados de ánimo, el estado de ánimo del momento en el que lo escribí. Sin embrago, en la mayoría de ellos está presente nuestro mayor enemigo, El Ego. Escribir para ti en vez para los demás justificando tus desdichas. Eso de mantener la linterna apuntando hacia tu ombligo.

No se puede pretender ser grande sin tener una visión global de las cosas, sin juicios. Basamos nuestros pensamientos y opiniones de lo que ocurre a nuestro alrededor únicamente en nuestra experiencia, nuestra educación, lo que creemos saber de la vida, y en caso de duda, nos sumamos a la corriente de pensamiento predominante del momento. Esto, perdonadme, es ser coto de miras.

No es el ego el que se esconde detrás de la cortina. Es ese “Otro Yo” que espera impaciente su oportunidad. Una nueva historia ha empezado a forjarse y vosotros formáis parte de ella. Es tiempo de salirse del carril, de dudar de lo establecido, de mirar desde arriba y derrumbar convenciones.

Sigo escuchando frases como «vivo la vida que me ha tocado vivir». La vida no es una tómbola, no se rifan desdichas ni momentos felices, no es cuestión de suerte. Tienes una responsabilidad para con tu vida y estás echando balones fuera. No te atreves, es más fácil resignarse. Es el momento de actuar.

Manteneos atentos.

El Complejo de Calimero y la Felicidad

No muchos recordaréis a Calimero, protagonista de una serie de dibujos animados de los 70. Un pollito negro con medio cascaron de huevo en la cabeza. Sus frases favoritas eran: “nadie me quiere porque soy pequeño y negro” o “es una injusticia”.
Hoy quiero reivindicar esa parte de cada uno de nosotros que realmente nos hace diferentes. “Yo también soy Calimero”.

                                                    

Asistimos a una escalada donde la felicidad comienza a ser una imposición. Es esa corriente que hace que nos fijemos en los demás, que deseemos su vida, que inundemos de corazones y “likes” sus comentarios en redes sociales, que envidiemos lo que hacen y lo que dicen sin ninguna otra consideración. Muchos esperan su oportunidad para lanzarse en busca de la felicidad sin saber lo que quieren encontrar.

No podría definir la felicidad como concepto general porque hablamos de una sensación dependiente de factores que inicialmente no elegimos. Esto de adaptarnos o ser felices con lo que tenemos me toca el alma. Cierto es que muchas de nuestras acciones y decisiones van a marcar cómo se va a desarrollar nuestra vida pero hay otras muchas que no elegimos y con las que tenemos que lidiar diariamente.

Mi concepto de felicidad es, sin temor a equivocarme, completamente diferente al de cualquier persona que lea este post. Por eso me sentiré triste, desanimado, enfadado y muy cabreado cuando toque. Me reiré, besaré y abrazaré cuando realmente lo sienta. Diré lo que pienso aunque parezca poco recomendable. No tengo en absoluto la obligación de ser feliz. Seré como a mí me venga en gana y sin duda, esto aumentará mis posibilidades de alcanzar la felicidad, pero a mi manera.

He leído libros que esconden su secreto, con otros obtienes las claves del emprendimiento exitoso, otros te ayudan a conocerte y te explican tu relación con el Universo. Os engañaría si os dijese que no he extraído aprendizajes útiles de cada uno de ellos. La mayoría válidos si eliminamos el “contexto” de la ecuación.

He tenido que escuchar de personas que me conocen poco o nada, afirmaciones tan arriesgadas como que no deseo ser feliz. Opinan que tampoco trabajaré en eso que tanto me ilusiona porque no lo deseo demasiado, porque no me esfuerzo lo suficiente. Han llegado a decirme que ellos lo han dejado todo por alcanzar su sueño. Si no tienes alma puede resultar sencillo. Les preguntaría qué es dejar todo. Trabajo, familia, ciudad, amigos, cuenta bancaria… ¿Cuál eran sus responsabilidades cuando lo dejó “todo”?

No puedo imaginar nada que me hiciese tan infeliz como dejar todo atrás. Mi felicidad no se consigue a costa de hacer infelices a los que me rodean. Vamos a dejar de ser héroes y convertirnos en personas normales que se levantan cada mañana con la actitud de mejorar.

Y esta sería mi particular definición de felicidad: “Hacer felices a los que me rodean, logrando compatibilizar contexto y objetivo “.

En definitiva, adoro lo diferente y confieso que son de esas cosas que suman. No quiero ser un número feliz. No soy miembro de la familia happy flower. No quiero poner la otra mejilla ni adorar a gigantes con pies de barro. Harto de palmaditas en la espalda y postureo cariñoso, apuesto por la sencillez, la humildad. Apuesto por lo auténtico, lo natural y por cualquier actitud cargada de buenas intenciones, sin aristas ni dobleces. Equivocarte, rectificar, volver a equivocarte y a rectificar, creciendo cada día un poco más aunque sea en una dirección diferente a la que marca la tendencia, es mi mejor punto de partida.

Solo pregúntate una cosa: ¿Sobre qué valores quieres edificar tu particular felicidad?

Conversaciones

Porque hay palabras que nunca sobran

Tengo que pedirte disculpas. Sé que estas últimas semanas he estado un poco distante preocupado por esta nueva etapa en tu vida. Sabía que tenía una conversación pendiente contigo y no encontraba el momento adecuado. Y la verdad es que no entiendo mi actitud porque entre tú y yo nunca ha habido este problema, ni hemos necesitado prepararnos para conversar.

Lo cierto es que hay veces que las cosas se dan por hecho y no nos damos cuenta de lo necesario de verbalizarlas. Tú me has enseñado a mostrar mis sentimientos con naturalidad. Desde aquella primera noche hace ya muchos años que cuando te llevé a la cama y te arropé me soltaste un “Te quiero” que todavía resuena en mis oídos. Aún ahora, cada noche antes de dormir vuelves a decir esas palabras mágicas que quizá, siempre han sido mi dosis de tranquilidad y un valioso bálsamo para dormir en paz. Por eso ahora me es tan fácil expresar lo orgulloso que estoy de ti, del esfuerzo diario, de tus ganas e ilusión por conseguir lo que realmente quieres. Pero eso para mí no es lo más importante.

Siempre recuerdo cuando en las reuniones del colegio, tus profesores me decían que eras brillante pero que todavía podías dar mucho más de ti, sobresalir. Yo siempre les contestaba de la misma manera: «No tengo la suficiente fuerza moral para pedirle más. Mi única exigencia es que debe cumplir la premisa del para qué estamos aquí: Ser feliz todos y cada uno de los días de su vida». Ahora, cuando encuentro algún amigo o coincido con personas que hace tiempo que no veo, me preguntan por ti, si acabaste la carrera, si tienes trabajo. Mi respuesta siempre es la misma: «Es una persona feliz, un luchador con la cualidad de hacer felices a los que le rodean».

Hoy es tu primer día de trabajo. Te he contado muchas veces cómo fue mi primer día, todavía recuerdo ese hormigueo en el estómago. Diríamos que fue algo surrealista y sin embargo han sido 33 años en la misma empresa. Ahora, la manera de interpretar la vida laboral ha cambiado y tu permanencia en ésta u otra empresa dependerá de lo que quieras para ti, de dónde quieras estar dentro de un año, dos o diez.

En tu andadura profesional encontrarás personas de todo tipo. Personas que reaccionarán de forma negativa ante ti porque interiormente se sientan inferiores. Habrá quien lo haga al sentirse superior. Puede que te consideren una amenaza o un aliado. Encontrarás grupos enfrentados dentro del mismo departamento. Habrá personas alineadas con la misión de la empresa y habrá otras que se conformarán con cumplir su horario sin más implicaciones.

Sin embargo, puede que llegues a un lugar donde se trabaje de verdad en equipo, donde exista la figura del manager de la felicidad preocupado por que los trabajadores realicen su trabajo en las mejores condiciones. Puede que sea un lugar donde premien el talento y el salario emocional sea una realidad.

Pero todo esto, que lo podemos encontrar en cualquier familia, comunidad o círculo de amistad, aunque importante no es definitivo. Lo que realmente importa es la posición que vas a adoptar tú frente a todas estas posibilidades.Tú te conoces mejor que nadie. Sabes que eres generoso, colaborativo, que te gustan los proyectos en equipo y que el liderazgo compartido, del que hemos hablado en alguna ocasión, es la clave del éxito.

Vas a pasar muchas horas con personas, compañeros que en mayor o menor medida formarán parte de tu vida. Ninguno de ellos tiene el poder de hacerte sufrir, hacerte feliz o infeliz; no se lo otorgues. Sólo tú tienes esa capacidad y deberás gestionar situaciones difíciles y momentos dulces.

En cualquier caso, nunca pierdas la ilusión ni la pasión. Hoy es un día para disfrutar y sonreír. Mañana…, mañana será otro día.

Te quiero Mario.

 

Del taylorismo al liderazgo compartido

Nikasia me contaba con orgullo aquella ocasión en la que recibió el broche a la trabajadora del mes. Dentro de la fábrica de goma, su función era encordonar zapatos. Nadie era más rápido que ella. Se requería una agilidad especial en los dedos y un estar tranquila para acertar a la primera en el agujerito por donde pasaba el cordón, siempre vigilante de lo deprisa que iba la compañera que estaba sentada a su lado para cerciorarse que no iba poder superarla. Daba igual respirar aquel aire contaminado por la goma y del malestar que la causaba, circunstancia que la hizo abandonar su puesto de trabajo unos meses después.

Eladio, aquel tiarrón que trabajaba en la línea de producción de una empresa de televisores. Veía pasar los componentes y cómo el televisor iba tomando forma según avanzaba la cinta. Levantaba la mano cuando la necesidad de ir al servicio provocaba sudores en su frente y esperaba ser sustituido por un compañero que haría posible que la cinta siguiese funcionando imparable. En ocasiones, un mismo componente se amontaba en el puesto del compañero y saltaban las alarmas. Aquel compañero, sustituible, debería esperar en el banquillo hasta que otro fallase o su frente se llenase de sudor.

Laura es la team leader de un equipo de trabajo. A su cargo tiene más de veinte personas en diferentes ubicaciones. Parte del equipo es personal subcontratado sujeto a la normativa que impide mezclar churras con merinas. Laura no puede gestionar directamente el trabajo de esos empleados y debe utilizar un intermediario o dará pie a denuncias por prestamismo laboral. En las reuniones solo puede asistir personal interno y los acuerdos son transmitidos vía comunicados y a través del intermediario. Esta situación, sin obviar la gran diferencia entre los salarios de internos y externos, hace que las relaciones dentro del equipo estén condicionadas. En el ambiente un sentimiento de superioridad del personal con contrato en la empresa y resignación, rabia e impotencia del personal subcontratado.
El trabajo es repartido individualmente y cada persona es responsable de sus resultados sin tener en cuenta, ni siquiera conocer, el trabajo del compañero. La capacidad de Laura para juntar las piezas del puzle hace que los resultados sean más que aceptables para la organización.

Javier habla maravillas de la empresa donde trabaja Jaime. En sus conversaciones de café, Jaime describe una oficina sin divisiones, un espacio libre donde trabajan diferentes equipos que comparten información; las ideas vuelan de un equipo a otro. No hay juicios, nadie lleva la manija, todos opinan y respetan. Los errores se celebran como oportunidades y los éxitos se comparten. Entienden que su misión no es diferente a la misión de cada uno de sus compañeros y de la propia empresa. Disfrutan de horario flexible, sala de descanso, cafetería. Tienen la opción de trabajar desde casa, guardería, reducción de jornada… Sin embargo, lo más impactante para Javier es la forma en la que Jaime describe su lugar de trabajo, con brillo en los ojos, orgulloso y feliz de formar parte de esa empresa.
Ante esta avalancha de beneficios, a Javier le asaltan preguntas para las que no encuentra respuesta. ¿Si el liderazgo es compartido, estamos desperdiciando el potencial de los líderes naturales?, ¿Los salarios son iguales, influye la antigüedad, los estudios? ¿Cómo resuelven esas diferencias, ese agravio comparativo entre compañeros que hacen menos horas y cobran más? La conclusión de Javier es que estas personas trabajan bajo un paradigma diferente, están preparadas y alejadas culturalmente de lo que hasta ahora ha significado pertenecer a una organización. Ahora comprende por qué no hay fuga de talento en la empresa donde trabaja su amigo.

Tras este pequeño recorrido intentaremos sacar algunas conclusiones: las empresas necesitan resultados para poder permanecer en el mercado y su foco siempre apuntará al aumento de la productividad. La primera motivación para el empleado es obtener un salario acorde con sus expectativas y una vez cumplidas éstas, buscará aquel lugar donde se sienta importante, querido, reconocido y apreciado. Ese salario emocional al que muchos hacen referencia y que va más allá de los beneficios sociales que ofrecen las empresas.
Parece que el aumento de la productividad en un ambiente donde cada uno de los componentes de la organización se sienta parte importante de la misma, es la opción de futuro. Pero cuidado, se requiere un cambio de mentalidad tanto en empresas como trabajadores, y un cambio de este calado requiere tiempo, paciencia y dedicación. ¿Cuántas empresas están dispuestas realmente a apostar por este cambio?

El éxito de los planes de formación anuales

Para diseñar un plan de formación a medida en cualquier empresa, independientemente de su tamaño, es necesario tener en cuenta ciertos aspectos que harán de este laborioso trabajo un éxito o una forma adornada de malgastar dinero y recursos.

Debemos partir de una base sólida: El catálogo de formación. Este debe incluir todos los cursos activos a los que podemos acceder; es el motivo de la importancia de su  mantenimiento. Encontramos catalogados cursos obsoletos o los mismos cursos con diferentes versiones, circunstancia que entorpece el proceso posterior de selección y planificación de formaciones.

¿Cuánto tiempo necesitamos para recoger las necesidades del año siguiente?  Es común abordar el proceso dos meses antes de finalizar el año. En cualquier caso hay que marcar la salida y ponerle fecha de finalización. Nuestra obligación es atender el mayor número de solicitudes dentro del presupuesto de formación y éste es el trabajo más complicado.

Abramos un paréntesis en este punto. Si hablamos del reparto de la bolsa de formación,  en muchos casos no existe la solidaridad necesaria entre departamentos. No siempre el departamento de más personal debe llevarse el mayor porcentaje de la bolsa y sin embargo existe una lucha por equiparar el porcentaje, con el número de empleados por departamento. Esto atiende a dos razones principales: Se tiende a utilizar la bolsa de formación asignada como recompensa para empleados que no han podido ser bonificados de otra manera ofreciéndoles, por ejemplo, cursos de inmersión en idiomas o cursos de crecimiento personal tan de moda actualmente. Y esto es un problema añadido al no dar la importancia necesaria a estos cursos, que según mi opinión, sostienen la fórmula del éxito de las empresas modernas. La segunda razón es la posible pérdida de poder de los responsables de cada departamento frente a sus empleados y sus iguales.

Y nos encontramos en ese punto crítico donde se debe realizar una criba seria de todas las peticiones recibidas. El departamento de formación debe tener la potestad de rechazar las solicitudes no pertinentes. Pero nos encontraremos con la eterna pregunta, ¿Quién eres tú para saber si mi empleado necesita o no este curso?… Y a eso me refiero… Solidaridad.

Y esa potestad debe extenderse a la relación con el departamento de compras. En grandes empresas es necesario presentar al menos tres propuestas diferentes por parte de los proveedores hasta seleccionar la opción más adecuada a nuestras necesidades formativas. Este proceso siempre ha estado centrado en la disminución de costes poniendo en un segundo plano la calidad de los formadores. La opinión del departamento de formación debe ser definitiva y la comunicación con compras, constante.

A estas alturas hemos ajustado el presupuesto,  disponemos de los proveedores y  las peticiones cribadas y definitivas. Es el momento de los administradores de formación. Personas no siempre justamente reconocidas encargadas de planificar fechas, realizar convocatorias, preparar documentación (con el esmero necesario si son cursos subvencionados)  y tener la logística de las aulas en perfecto estado. Gestionar y sustituir bajas, atender llamadas relacionadas con los cursos… Tan común como inexplicable recibir llamadas sobre cursos para preguntar de qué van o por qué está incluidos en la convocatoria. ¿Quién le habrá inscrito en el curso?

Si disponemos de un departamento de Back-Office estamos de enhorabuena. Esa documentación, ese registro de asistencia, debe convertirse en datos dentro de nuestro LMS para controlar el absentismo a cursos, evitar la convocatorias repetidas y obtener un histórico de formación individual de cada empleado de nuestra empresa. Realizan el seguimiento y la evaluación de cada formación, aspecto al que no se le da la importancia necesaria teniendo en cuenta que debe servir de instrumento para medir la calidad de formadores y formaciones.  La realidad es que los administradores de formación suelen realizar también estas tareas en lo que se ha venido denominando proceso e2e, reduciendo el coste de mantener un departamento Back-Office paralelo.

Si pensamos que cuanto más pequeña es la empresa más fácil es la planificación anual del proceso de formación, nos equivocamos. Esta “rigidez” en cuanto a los pasos a seguir marcará el éxito del plan anual de formación.

El éxito de la fórmula Ikigai

A través de un proceso de coaching, más allá de la consecución del objetivo, se obtiene un valor fundamental a la hora de afrontar los retos que están por venir: Autoconocimiento. En mis conferencias siempre recomiendo dedicarnos cinco minutos diarios a conversar con nosotros mismos, a preguntarnos si estamos donde queremos estar.

Un alto porcentaje de las personas que inician un proceso de autorrealización, cambian de objetivo una vez evaluadas sus creencias y valores. Es la razón por la que en un proceso Ikigai, dedicamos las primeras sesiones a trabajar sobre las preguntas que asientan los 4 pilares de su ya conocida flor.

¿Qué hace que te levantes cada mañana, qué amas hacer?

Levantarse e iniciar un nuevo día debería ser un acontecimiento feliz. Sin embargo la mayoría de las personas dicen levantarse porque no les queda más remedio. Tienen que trabajar y están sujetos a un horario. La llegada del fin de semana es un alivio, esos días libres que te permiten olvidar, pero que no terminas de disfrutar ante la inminente e inevitable llegada del próximo lunes.

Noche tras noche conciliamos el sueño después de imaginarnos cómo sería nuestra vida si…. Imaginar es el primer paso pero pocos se atreven a seguir avanzando en aquello que hará de levantarse cada mañana una fiesta, te dibuje una sonrisa y te haga feliz sabiendo que será otro día pleno en tu vida.

¿Qué haces como nadie, en qué eres bueno?

Porque eres bueno, muy bueno haciendo eso que te gusta. Y en esos ratos muertos en la oficina sueñas despierto y te ves haciendo eso que haces como nadie. Nostalgia y resignación por lo que podías llegar a ser, ¿Lo has intentado alguna vez?

¿Te pagarían por eso que haces tan bien?

Es difícil no triunfar cuando sabes hacer algo muy bien y además lo realizas con pasión. La ilusión ya la has puesto al tomar las riendas de tu vida. Ya estás fuera de esa zona de confort y apuestas por dar un giro radical. ¿Y si conviertes esa habilidad en tu forma de vida?

¿Es algo que el mundo o la sociedad necesita?

Esta parte tiene mucho que ver con esa pregunta poderosa que utilizamos los coaches, ¿Cuál quieres que sea tu legado?  Aquí radica la diferencia entre pasar por la vida y vivirla con todas las consecuencias. Como ser social, hazte consciente de todo lo que puedes aportar.

La intersección entre los cuatro pilares Ikigai proporcionan un mapa claro de las áreas de vida a las que hay que dedicar más esfuerzo. Muchos preguntan si es necesario completar las cuatro columnas para ser feliz, pero la respuesta sólo la tiene el cliente. El concepto de felicidad es diferente para cada persona.

Trabajamos sobre la idea de que en estas primeras sesiones consigan establecer un diálogo con su Yo más profundo acerca de su situación ambiental, donde se enfrentarán a sus creencias y sobre todo a sus valores. Sin darnos cuenta hemos completado un trabajo de fondo, hemos eliminado dudas y tomado conciencia de lo que queremos realmente. Estamos en disposición de marcar un objetivo real, ecológico y alcanzable en el tiempo.

Aquellos maravillosos desconocidos

Hay un denominador común en las personas que nos dedicamos al crecimiento personal: una gran parte de nosotros han sufrido un acontecimiento vital que ha hecho que los patrones confeccionados a lo largo del tiempo se disipen como el humo. Ese famoso “clic” que hace que nos asomemos por la ventana y desde arriba observemos millones de burbujas que cohabitan, sin aparente contacto, en el mismo espacio temporal.

Diariamente recibes información que si no tiene impacto directo con lo que pasa en tu burbuja, no le otorgas la importancia necesaria. Así, dejamos pasar cosas, acontecimientos, vivencias que en ocasiones hubiesen podido cambiar nuestras vidas, generar emociones o modificar valores.  Y sin embargo, seguimos sobre raíles sin desviarnos del itinerario en un viaje circular.

Pasear por la Gran Vía madrileña puede pasar de ser un agobiante paso obligado hacia algún lugar concreto, a un paseo por un lugar donde disfrutar de la pluralidad, de la gente, de sus lugares. Para esto, como para otras muchas cosas, simplemente necesitas desviarte de la ruta y cambiar la forma de observar el mundo. Lo ideal, hacerlo sin la necesidad de que un acontecimiento vital transforme tu mirada.

Y allí, a lo lejos, diviso mi antigua burbuja y compruebo que todavía está habitada por personas que no quieren, nos les interesa, no se atreven a variar ese itinerario circular. No importa cuán importante éramos, para ellos somos historia.

Como en toda regla existen excepciones y cuando me asomo y observo  todas esas burbujas, compruebo que de algunas asoman pequeñas cabecitas que se atreven a observar burbujas ajenas y a interesarse por lo que allí sucede. Se atreven a intervenir, a ofrecerse, a darse sin ningún otro ánimo que hacer mejor la vida de los que allí habitan. Son esos maravillosos desconocidos que te animan a seguir el camino que has tomado.

Brindo por ellos.

Tu esencia

En el punto en el que estamos, cuando hemos sido capaces de dedicar ese necesario tiempo diario a nosotros mismos, cuando nos conocemos y sabemos cuál va a ser nuestro camino, estamos en disposición de adquirir nuevos conocimientos, de iniciar nuevos aprendizajes.


Cada formación, cada curso, es un paso adelante. No recuerdo ninguna formación que haya realizado donde haya salido desmotivado. Son inyecciones de ilusión y motivación. En ese momento empiezas a idolatrar a las personas que te han formado, a querer ser como ellas. Iniciamos un proceso de modelaje donde en determinados casos es observable el efecto Pigmalión llegando a imitar su acento, su tono de voz, sus expresiones verbales y corporales. Realmente no conocemos a esa persona en su faceta de persona y solo sabemos de sus cualidades como cantante, comunicador, formador, coach, futbolista. ¿Queremos ser como ellos o cantar, comunicar, formar, acompañar o jugar como ellos?

De estas formaciones salen nuevos profesionales en serie que deben abrirse camino, y que tienen la premisa de distinguirse o estarán abocados al fracaso. Por inercia hacen lo que han aprendido con la impronta de quien se lo ha enseñado y se está tan pendiente de no desviarse del guion que prescinden de su esencia, de lo que realmente es innovador. Porque lo que marca la diferencia no es formar o comunicar, sino como se forma o se llevan a cabo las sesiones.

“Al terminar una de mis primeras conferencias se me acercó un mujer joven a felicitarme. Me dijo que le había encantado. La pregunté qué le había gustado más y me contestó que la forma de comunicar en el escenario. La dije que mi pasión era poder llegar a la gente y mostrarle todo lo que me apasionaba. Ella me contestó que lo que más la había impresionado era lo que transmitía. Descolocado la pregunté: ¿Y qué transmito? Ella me respondió: “bondad, ¿me puedes dar un abrazo?”

En aquel momento no supe darle el valor que tenían esas palabras y seguí poniendo en práctica todo lo aprendido, un guion efectivo para impactar y vender. Y me veía en las grabaciones y algo en mi interior se removía. Esa persona que hablaba no era yo, no me reconocía y aun impactando y vendiendo no me representaba”


Había perdido mi esencia, la bondad que esa joven había visto en mí. Me había perdido por el camino y había elegido lo que teóricamente se debe hacer y no lo que personalmente quería hacer. Y esto me hace recordar una frase que me envió mi hija en un día de esos que te das el gustazo de estar triste: “Noche tras noche frotando la lámpara sin darte cuenta que el genio eras tú