Conversaciones

Porque hay palabras que nunca sobran

Tengo que pedirte disculpas. Sé que estas últimas semanas he estado un poco distante preocupado por esta nueva etapa en tu vida. Sabía que tenía una conversación pendiente contigo y no encontraba el momento adecuado. Y la verdad es que no entiendo mi actitud porque entre tú y yo nunca ha habido este problema, ni hemos necesitado prepararnos para conversar.

Lo cierto es que hay veces que las cosas se dan por hecho y no nos damos cuenta de lo necesario de verbalizarlas. Tú me has enseñado a mostrar mis sentimientos con naturalidad. Desde aquella primera noche hace ya muchos años que cuando te llevé a la cama y te arropé me soltaste un “Te quiero” que todavía resuena en mis oídos. Aún ahora, cada noche antes de dormir vuelves a decir esas palabras mágicas que quizá, siempre han sido mi dosis de tranquilidad y un valioso bálsamo para dormir en paz. Por eso ahora me es tan fácil expresar lo orgulloso que estoy de ti, del esfuerzo diario, de tus ganas e ilusión por conseguir lo que realmente quieres. Pero eso para mí no es lo más importante.

Siempre recuerdo cuando en las reuniones del colegio, tus profesores me decían que eras brillante pero que todavía podías dar mucho más de ti, sobresalir. Yo siempre les contestaba de la misma manera: «No tengo la suficiente fuerza moral para pedirle más. Mi única exigencia es que debe cumplir la premisa del para qué estamos aquí: Ser feliz todos y cada uno de los días de su vida». Ahora, cuando encuentro algún amigo o coincido con personas que hace tiempo que no veo, me preguntan por ti, si acabaste la carrera, si tienes trabajo. Mi respuesta siempre es la misma: «Es una persona feliz, un luchador con la cualidad de hacer felices a los que le rodean».

Hoy es tu primer día de trabajo. Te he contado muchas veces cómo fue mi primer día, todavía recuerdo ese hormigueo en el estómago. Diríamos que fue algo surrealista y sin embargo han sido 33 años en la misma empresa. Ahora, la manera de interpretar la vida laboral ha cambiado y tu permanencia en ésta u otra empresa dependerá de lo que quieras para ti, de dónde quieras estar dentro de un año, dos o diez.

En tu andadura profesional encontrarás personas de todo tipo. Personas que reaccionarán de forma negativa ante ti porque interiormente se sientan inferiores. Habrá quien lo haga al sentirse superior. Puede que te consideren una amenaza o un aliado. Encontrarás grupos enfrentados dentro del mismo departamento. Habrá personas alineadas con la misión de la empresa y habrá otras que se conformarán con cumplir su horario sin más implicaciones.

Sin embargo, puede que llegues a un lugar donde se trabaje de verdad en equipo, donde exista la figura del manager de la felicidad preocupado por que los trabajadores realicen su trabajo en las mejores condiciones. Puede que sea un lugar donde premien el talento y el salario emocional sea una realidad.

Pero todo esto, que lo podemos encontrar en cualquier familia, comunidad o círculo de amistad, aunque importante no es definitivo. Lo que realmente importa es la posición que vas a adoptar tú frente a todas estas posibilidades.Tú te conoces mejor que nadie. Sabes que eres generoso, colaborativo, que te gustan los proyectos en equipo y que el liderazgo compartido, del que hemos hablado en alguna ocasión, es la clave del éxito.

Vas a pasar muchas horas con personas, compañeros que en mayor o menor medida formarán parte de tu vida. Ninguno de ellos tiene el poder de hacerte sufrir, hacerte feliz o infeliz; no se lo otorgues. Sólo tú tienes esa capacidad y deberás gestionar situaciones difíciles y momentos dulces.

En cualquier caso, nunca pierdas la ilusión ni la pasión. Hoy es un día para disfrutar y sonreír. Mañana…, mañana será otro día.

Te quiero Mario.

 

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